En nuestra sociedad, el peso corporal se ha convertido en sinónimo de salud y bienestar. Nos subimos a la báscula como si ese número pudiera definir nuestro estado de salud. Pero, ¿realmente lo hace? La realidad es que la relación entre el peso y la salud es mucho más compleja de lo que solemos pensar.
Uno de los indicadores más utilizados es el Índice de Masa Corporal (IMC), una herramienta diseñada con fines estadísticos que relaciona peso y estatura. Si bien puede ser útil a nivel poblacional, presenta grandes limitaciones a nivel individual: no distingue entre músculo y grasa ni tiene en cuenta la distribución de la grasa en el cuerpo.
Uno de los factores más relevantes para la salud no es el peso en sí, sino el porcentaje de grasa corporal, especialmente la grasa visceral.
Esta es la grasa que se acumula alrededor de órganos como el hígado, el páncreas o los riñones, interfiriendo en su correcto funcionamiento.
A diferencia de la grasa subcutánea (la de las «cartucheras» o «michelines»), la grasa visceral en exceso puede aumentar el riesgo de enfermedades metabólicas. Y lo más importante: no siempre es visible.
Podemos encontrar personas delgadas con un alto porcentaje de grasa visceral y, por el contrario, personas con cuerpos más grandes y metabólicamente saludables.
Algunas señales que pueden indicar riesgo son:
- Perímetro de cintura: superior a 88 cm en mujeres y 102 cm en hombres.
- Análisis de sangre: niveles elevados de glucosa en ayunas, triglicéridos altos y colesterol HDL bajo.
- Hábitos de vida: inactividad física, hábitos alimenticios poco recomendables
Vivimos bombardeados por la idea de que el éxito está en alcanzar un peso «ideal». Solemos pensar cuando consiga tal peso podré hacer eso que estoy deseando.
Pero la pérdida de peso a cualquier precio no es sinónimo de salud. Lo que realmente importa es la calidad de nuestros hábitos.
- Alimentación equilibrada, con una base sólida de verduras y alimentos reales.
- Movimiento diario y actividad física, adaptados a nuestro estilo de vida.
- Cuidado de la salud mental, gestionando el estrés y promoviendo el bienestar.
Un aspecto que casi nunca se menciona pero que debe ser tenido en cuenta es que, cuando hablamos de salud y peso, ponemos el foco únicamente en los hábitos individuales. Sin embargo, nuestra alimentación y nuestro estilo de vida también están condicionados por factores sociales y estructurales. El acceso a una vivienda, trabajo y horarios que pueden facilitar o dificultar la conciliación o la carga mental y emocional derivada de responsabilidades familiares, estrés laboral o precariedad también impacta en nuestra salud. Por eso, más que imponer soluciones basadas en la fuerza de voluntad, es fundamental entender el contexto de cada persona y comenzar por cambios realistas y sostenibles.
La báscula es solo un objeto. Tu salud y calidad de vida van mucho más allá de un número
Apostemos por un enfoque integral, donde el bienestar se mida en cómo nos sentimos cada día y en la capacidad de sostener hábitos saludables en el tiempo.




