Esta conversación es la típica de muchas casas a la hora de cenar
– ¿Qué hacemos para cenar? ¿Carne, pescado?
-No sé…
– ¿Con qué?
– ¿Con patatas fritas?
-Vale
Seamos sinceros: ¿quién no disfruta de unas patatas fritas? Son un gran acompañamiento que acompaña cualquier plato en la mesa. Pero…
¿y si se nos está yendo un poco la mano esto de acompañarlo todo con patatas fritas?
En muchos hogares, las patatas fritas se han convertido en omnipresentes en carnes, pescados o huevos y hasta de algunos platos de cuchara. Sacamos la sartén y el aceite con la misma facilidad con la que preguntan “¿qué hay para cenar?”. Y ojo, nadie dice que estén prohibidas ni que debamos desterrarlas de nuestra alimentación. Simplemente, conviene preguntarnos: ¿Cuántas veces comí patatas fritas esta semana? ¿Cuántas veces comí verduras?

El exceso suele venir de lo cotidiano. Es una opción fácil, que gusta siempre y que se convierte en rutina. El problema es que fritura tras fritura vamos sumando calorías innecesarias, grasas poco recomendables y una digestión más pesada. Al final, lo que parecía “el acompañamiento de siempre” se convierte en un hábito que no favorece ni al corazón, ni a la cintura, ni a la energía con la que queremos llegar al final del día.
Las patatas fritas se convierten en un hábito que no favorece ni al corazón, ni a la cintura, ni a la energía con la que queremos llegar al final del día
Te animo a abrir el abanico de acompañamientos para darle color, variedad y salud a nuestras comidas, sin dramas ni sacrificios. Algunas ideas son:
– Verduras asadas: calabacines, berenjenas, pimientos, tomates, fréjoles, zanahoria con un chorrito de aceite y hierbas aromáticas.
– Ensaladas: hojas verdes con aguacate, nueces, manzana, piña, o queso fresco.
– Purés de verduras: calabaza, zanahoria, o coliflor, que aportan suavidad y un toque dulce natural.
– Menestra
– Arroz integral o quinoa
– Champiñones salteados con ajo y perejil, o setas variadas a la plancha.
– Espárragos verdes o blancos al vapor o a la plancha con un toque de limón.
– Guisantes
– Encurtidos.
Comer es un placer. El reto está en no vivir atados a la sartén. El día que dejemos que las patatas fritas descansen (de vez en cuando) y demos paso a otros colores en el plato, quizá descubramos que esa comida nos sienta mejor. Y lo mejor: seguirá quedando hueco para disfrutar de las patatas… cuando realmente las deseemos.
¿Te animas a probar esta semana alguno de estos acompañamientos nuevos? Tal vez descubras que no echas tanto de menos a nuestro querido tubérculo. Y si lo echas, ahí estará, esperando… pero ya no en todas las comidas.




